La impotencia frente a la delincuencia ha llevado a Paco, propietario del Café Barbería de Palencia, a tomar una decisión poco habitual pero contundente: retirar las máquinas B y de tabaco de su establecimiento para evitar nuevos asaltos. Tras sufrir un robo con fuerza y dos intentos posteriores, el hostelero ha optado por eliminar aquello que, a su juicio, convertía su local en objetivo prioritario.
En declaraciones a COPE, explicó con claridad su razonamiento: “Si el botín fue destrozar la máquina B y llevarse lo que había dentro, si no hay máquina, no hay botín”. La misma lógica se aplica a la máquina expendedora de tabaco y al efectivo, que ya no permanece en el local fuera del horario de apertura.
Aunque el empresario reconoce la rápida actuación policial —“rompo una lanza a favor de la policía, que hace su trabajo perfectamente”—, muestra una visión crítica hacia el sistema judicial. Considera que las consecuencias para este tipo de delitos resultan insuficientes y que la reincidencia genera una percepción de impunidad.
La medida adoptada busca disuadir más que resistir. Reducir el atractivo del local se ha convertido en su estrategia defensiva ante la falta de garantías percibidas. “Hoy por hoy ser autónomo en este país es eso, es a ver qué me encuentro hoy”, lamenta.













